9/11/2008

AM

Una micro que no para, que no quiere parar.
Un camino de tierra, de polvo, de barro.
Una moledora de autos circular.
Yo adentro de uno de los autos que va a la moledora.
La moledora, sólo da vueltas, no mata.
Angustia de no poder parar.
Cojera para caminar.
La actriz.
Las hermanas del gordo y sus amigos, todos muy lindos.
Las hermanas del gordo y sus amigas, todas muy lindas.
Chofer moreno, gordo y malhumorado.
El gusto a fritura en la boca.
Milanesas mal hechas.
Día caluroso y húmedo.
Noche calurosa y húmeda.
La pobla, la miseria y el miedo.
Flores.
La gente que no se levanta.
Short, polera y pies descalzos.
Una cuerda.
Una sirena que suena bajo, pero que no para.
Mi quinta sin mi gente.
Agua.

Después de leer esto van a pensar que estoy loco. A veces yo también lo pienso. En algún minuto tuve la intención de escribir lo que veía y lo que me pasaba en mis sueños. Siempre y cuando los recuerde.
Lo de arriba es una sucesión de imágenes, todas en mi mente, que no logro conectar, de lugares a los que voy. De lugares que me parece haber estado. De lugares a los que ya he ido más de una vez. Parte de mi mundo, aquel en el que a veces tengo la suerte de poder volar.

9/01/2008

El sentido de la vida

Hace unos días fui convocado a una interesante actividad en la cual iría en la búsqueda del sentido de la vida. Así de directo.
El contexto es algo más amplio, y no era sólo para mí. Parece que no soy el único que necesita una brújula, porque en la invitación estaba toda la gente de mi trabajo, que no son pocos.
Como soy una persona que con el tiempo he aprendido a pelear hasta por las cosas más pequeñas, y sobretodo porque en este caso la actividad tenía carácter de "obligatoria", mi lado rebelde se opuso terminantemente a asistir. Por lo demás, la actividad en cuestión no era más que una charla.
Pero después de mi negativa me puse a pensar que estaba poniendo en riesgo mi propia vida, y que si no iba, tenía que buscar entonces mi propio sentido de la vida. Luego de unos instantes de reflexión profunda, decidí fabricar mi propia brújula y salir a buscar por mi cuenta el sentido tan anhelado...
Se me ocurrieron varias cosas, que claramente tienen que ver con las ideas medio torcidas que a rato pasan por mi cabeza. Algunas de ellas...
- Escribir un manual de autoayuda, no hay nada más significativo que ayudar a los demás, aunque no se me ocurre como podría hacerlo, pero sin duda que sería una experiencia, al menos, hilarante y delirante.
- Cuidar mejor mis plantas, o lo que queda de ellas. Tenía unas plantas muy lindas que con mucho cariño me regaló mi madre, pero aunque las regaba, se me empezaron a secar. Tengo la impresión de que si se te mueren las plantas, el sentido de la vida corre peligro. Ojalá no sea así, porque si no estoy condenado (puta que es complicado que no se mueran las plantas).
- Hacerme vegetariano, como que eso tiene sentido, no?
- Ir en la búsqueda de dios (sin explicaciones)
- No me acuerdo más.
Finalmente, luego de el arduo ejercicio de tener que darle sentido a mi vida, debo decir que aunque me costó lo encontré, en un lomito italiano, con ají verde. Ahí me puse feliz.
Como se que abandono mi pudor y que tengo unos pocos pero fieles lectores, los invito a que me digan que se les ocurre para encontrarle el sentido a la vida, y que me dejen comentarios. Si escribo mi manual de autoayuda los pondré en los agradecimientos.

8/22/2008

Don´t give up

Extracto de un diálogo con mi amigo Pedro Gabriel

PG: de que se trata esto?
MR: que cosa?
PG: esta visita?
MR: nada, ayer no fue un buen día.
PG: pero le ganamos a brasil.
MR: si, los pasamos por arriba, es verdad.
PG: entonces?
MR: Tienes razón. Al mal tiempo buena cara.
PG: Eso, no te rindas. Para eso estamos los amigos.
MR: Gracias. Ahora me voy al trabajo, en la bici...

8/13/2008

Pimienta

Hace poco leí una columna sobre una periodista que manifestaba su profundo amor y pasión por la pimienta. No la pimienta en polvo, ni siquiera la pimienta del molinillo, sino que en grano, entera y explosiva. Picante en la lengua y en toda la boca. Crujiente en cada mordisco.
Desde chico he tenido la suerte de que las comidas siempre han sido un elemento importante en mi vida. Mi mamá y mi papá son excelentes cocineros, y delante mío han pasado platos que se los quisieran en muchos restoranes que cobran de a 5 dígitos por plato. Por eso no me gusta mucho ir a comer afuera.
Recuerdo también con mucha, pero mucha nostalgia las cenas de Yom Kipur, con unos banquetes alucinantes, después de un día de hambre. Todo sea por empezar de cero.
Volviendo a la pimienta. Yo recuerdo cuando chico, en aquellas comidas que tenían granos enteros de pimienta que evitaba morderlos. Los saboreaba un rato y me los tragaba enteros, evitando que estallaran en la boca. A veces los dejaba al lado, apartados en los bordes del plato. Morder una pimienta era una invasión total de sabor. Porque la boca te queda en esa frecuencia nomás.
Quizás terminaré escribiendo de lo mucho que me gusta comer, de todo lo que disfruto no sólo con el sabor de la comida, sino con sus olores y sonidos, los colores, las texturas.
Y con esto de la pimienta me lamenté de no haber explorado también esa sensación que describía la mujer.
Hay un actor de apellido pimienta. No se si será su nombre artístico o real, pero de todas formas, en su apellido lleva mucho. Ser pimienta no es ser cualquier cosa.
De chico me conformaba con los peta zetas, que explotaban, pero sin picante. Ahora pienso en morder pimientas y tomar vino tinto.