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3/09/2009

Desmemoria

Siguiendo la lógica de mi post anterior, me puse a recordar precisamente aquellas hojas sueltas que hago mención, los momentos en que me sentaba a escribir algo.
Y en estos recuerdos, un espacio importante lo ocupa mi profesora Mirta, de 6to y 7mo grado, que por alguna extraña forma, tenía esa cualidad de hacerte sentir importante cuando ponías algo en el papel.
Las palabras no eran triviales. Su cara al leer las cosas lo decía todo, y era para mí un momento de máximo nervosismo, ansiedad, miedo. Ella me enseñó que leer en voz alta no es un detalle, que en las palabras estallan los sentimientos y las emociones. Cuando te tocaba lectura en voz alta era un momento terrible. Recuerdo la noche boca arriba, el axolotl, cortázar a los 12 años, borges a los 11, los detectives que después volví a leer una y mil veces, García Lorca, clases enteras desenredando metáforas, volverlas a armar y hacerlas estallar de tanta belleza.
Según mi extraño juicio, lo mejor que he escrito en mi vida fue una poesía en 6to grado, que hizo llorar a mi profe. Era una carta a mi hijo o hija que alguna vez tendría. Recuerdo algunas partes.
Todavía no me imagino como serán tus manos,
tu cara y tu cuerpo.
Sin embargo y aunque falta mucho tiempo,
quiero expresarte mis deseos para tu futura vida.
Yo quiero que vos llegues a un mundo diferente al que yo vivo...

Lamentablemente no me acuerdo más, se me fue en algún espacio perdido de la memoria. Lo que recuerdo es que pedía un mundo de respeto, de amistad, de vidas con vidas y de lugares compartidos, en paz. Eso era en el año ´88, el aire tenía todavía olor a fin del mundo.
Las poesías se recitaban, y Mirta se acercó apenas terminé, me abrazó y tenía lágrimas en los ojos. Me dió su esquiva aprobación con una sonrisa, y me dejó atado para siempre. No creo que pueda lograr eso nuevamente, tampoco lo busco.
Espero algún día poder superar esta desmemoria y poder leerle esto a mis hijos, y decirle que los quería desde que nací.

2/16/2009

3192


A mí que se me da muchas veces por ciertas obsesiones inútiles, me vino como anillo al dedo tener a cerca de 30 cm de mi mirada un marcador que me indicaba con precisión bastante alta (supongo, nunca he sido tan crédulo) cuantos km más iba acumulando en mi fiel y resistente clio de 4 ruedas.
A propósito de las vacaciones, de los viajes, de lo distinto que es viajar por tierra, viendo como cambia el clima, las luces, los lugares, las sombras (las de las nubes, que hasta el día de hoy me intrigan por completo).
3192 fueron los km que recorrí. En ese trecho me tocaron muchas cosas, algunas más fuerte que otras.
Santiago-LosAndes-Uspallata-Mendoza-SanLuis-Merlo-YANÁTACÚ-Córdoba-LaPaz-BajodeVéliz-SantaRosa-PasosMalos-SanJuan-Ischigualasto-LaRioja-VillaUnión-Jáchal-CuestadelViento-Tudcum-Pismanta-LasFlores-QubradaSanLorenzo-PasodelAguaNegra-ValledelElqui-Vicuña-Serena-Chigualoco-Pichidangui-Santiago.
Algo así fue el trayecto, se me quedan algunos lugares, pero más se me quedan las ganas de volver a algunos de ellos.
No ando con suficiente inspiración para hacer un relato de todo lo ocurrido.
Sobraron los fogones, las caminatas, las cascadas (con spa, como decíamos), las sonrisas y los recuerdos.
Hernán llegó con una polera que le regalé sólo unos días antes de venirme para Chile, hace ya casi 20 años. Cuando se la ví puesta se me vino a la mente la escena completa. En mi casa de Lanús, un día de fines de abril, le pregunté a Hernán que quería que le dejara... - La de Picasso - me dijo él. En el ropero amarillo de mi pieza, en la parte arriba estaba. Pero al parecer, no quedó guardada sólo en un lugar, sino que ahora se multiplica por montones, y por más que el algodón haya pasado del amaranto a un pálido rojo, el recuerdo seguirá siendo bien rojo.
Palabras más, palabras menos.
A mis 32 me junto con mi vida completa, amigos que ya llevo en la sangre.
PD, Debo las fotos, ya vendrán.

12/12/2008

Hereje

Hace un poco más de un año, exactamente hace un año y 10 días, me tocó empezar a cumplir una manda que hice. La verdad, había prometido bajar de peso y hacerme un tatuaje, y a un año de distancia, no he logrado cumplir con ninguna de las dos. Ahora, el Granate está nuevamente en las puertas de una ilusión, esta vez más difícil, pero después de lo visto hasta ahora, nada es imposible. Ya ni quiero pensar el peso de la conciencia que tendré si mañana ocurre un milagro, lo único que sé es que tendré que hacer más mandas aún, porque si el cielo te sonríe, hay que sonreír de vuelta.
La esperanza siempre está, vamos a ver que pasa. Mientras tanto, puedo aportar con el voto de mis escasos lectores para que el Granate sea elegido como el mejor equipo de Argentina. Aguante Grana!!!

1/04/2008

2008

El fin de año me atrapó desde una ventana. Me agarró, en medio de una lluvia de explosiones y emociones. Quisiera poder explicar mejor todo esto, pero no resulta fácil.
Como puse en el post anterior, a mí me gusta el cambio de año, me gusta poder volver a empezar, me gusta la carga simbólica que tiene el avance en el tiempo, pero con el calendario en la mano, como una forma imposible de no ser observada.
El tiempo avanza de múltiples formas, algunas más lentas que otras. El calendario avanza a su propio ritmo siempre, o acaso nadie ha sentido el paso del tiempo con sus caprichos, a veces más rápido, a veces una eternidad en apenas un par de minutos, que parecieran no avanzar jamás. Pero al final del día, siempre hay un nuevo número, siempre uno que pasó y que va quedando atrás. Puede volver, siempre, en forma de recuerdo...
Ahora el año termina en 8. Recuerdo bien los años terminados en 8, porque mi cumpleaños también es el 8, y siempre me ha gustado pensar que son años especiales.
El ´88 lo pasé en Pichidangui, cumplía 11 años. Me regalaron una caña de pescar, un par de paletas y tres cajas de bombones, una de las cuales se las comieron al momento de haber sido regaladas. Mi viejo hizo un asado en la casa de mis tías, cuando todavía eran cuatro casas en el terreno (ahora son tres, mi tío la vendió). Lo pasé muy bien, era mi segundo veraneo en Pichidangui, el año en que mi abuela le regaló la casa a mi vieja. Veníamos desde Argentina a pasar todo enero acá. Ese año vinimos en avión, lo cual fue también una gran experiencia. Un par de años después, este país al que venía de vacaciones, pasaría a ser mi lugar, hasta ahora.
El ´98 en la casa de La Reina, fue muchísima gente, no recuerdo los regalos, pero estaban Luciano, Hernán y Diego, mis amigos de Argentina. Ese es un regalo más que suficiente. Estuvimos bailando hasta el amanecer, hasta quedarnos dormidos. Nos bañamos en la piscina, y seguimos bailando. Esos veranos en la casa de La Reina eran memorables. Diego tiene ese cumpleaños filmado, hay fotos también. El video es felliniano. Termina con el camarógrafo (la camarógrafa parece, creo que era Luciana) en el suelo, filmando a los dormidos en el living, y acto seguido, empieza a caer, hasta dormirse también, con la cámara encendida.
Ahora son 31 años, y veremos que pasa con el 8 en esta ocasión.
En esta ocasión, el regalo lo dejo yo, en forma de video... no es el de aquellas vez, pero tiene magia por montones también.


12/03/2007

Dedicado a Fausto Lara

Si habrás visto pasar gente con la camiseta granate por la puerta de tu casa. Si habrás sentido los gritos de la cancha, ahí nomás, a tres cuadras, mientras nos llevabas a todos, los chicos, para ver otra vez a Lanús, en aquellos años 80, cuando jugábamos los sábados. No me imagino lo que sentías al llevar a una tropa de pendejos, todos quilomberos, a sentarse uno al lado del otro, en uno de los codos, en el que da a Guidi, en la antigua cancha de tablones. No se que tenías, pero la verdad es que las ganas de romper las pelotas se iban pasando en esas tres cuadras, y llegando a la cancha, lo que importaba era el fútbol, la camiseta, y observar el espectáculo frente a nuestros ojos. Escuchar los bombos, ver lo papelitos.
En eso nos pasaron años, siempre en la misma vereda, siempre en el mismo codo, y caminando las mismas cuadras desde Madariaga hasta la cancha. El paisaje era el mismo, pero los chicos ahora eramos más grandes. El fútbol se sentía también de otra manera, se gritaba de otra manera.
Nunca cambiaste, nunca dejaste de poner esa mirada terrible, de furia, cada vez que alguno se le ocurría tirar una puteada al árbitro o a alguno de los jugadores. Costaba mantener el control, y bueno, deslices tenemos todos, hasta de chicos.
Al lado tuyo se sentía una seguridad tremenda, tus dos metros eran como una gran muralla china para todos nosotros, tu barba y pelo cano completaban la foto de guardián granate. Pero los pibes crecen, y ya nos ibamos arreglando para escaparnos en el entretiempo para la otra tribuna, así, haciéndonos los giles, pensando que no te dabas cuenta, creyendo que era parte de una travesura. -Me voy a comprar un chori-, decía uno, -yo te acompaño-, mandaba otro, y así nos íbamos escapando de a uno, y nos arrimábamos más cerca de la hinchada, un mundo que se muestra de lejos, pero que despertaba todas las intrigas de nuestras cabezas prepúberes.
Nunca nos dijiste nada cuando volvíamos, a lo más alguna pregunta irónica respecto de la demora en la compra de los choris o de que nos habíamos perdido. Estoy seguro que de lejos nos seguías, que nos mirabas para saber donde estábamos. Pero en el fondo, sabías que en alguno momento esto tenía que pasar, como seguramente lo viviste vos con tu viejo, como tantos otros también lo fueron viviendo de a poco.
Después empezamos a irnos solos para la cancha. Ya no caminábamos esas cuadras. Fue algo que no necesitó palabras, simplemente empezó a cambiar. Igual nos veías, eso está claro. Igual nosotros sabíamos que estabas allá, en el codo. Recuerdo cuando me quisieron afanar el reloj, ya más grande, y en el forcejeo le pegaron a Wipom, salimos corriendo para el codo, sabiendo que estabas allá. Eso siempre lo supimos. Nos agarraste en medio de la carrera, nos viste llorar de impotencia y nos consolaste. Un grande.
Ya estábamos lanzados igual. Para entrar a la cancha, era cosa de que alguno llevara el carnet de socio, y sólo con ese pasaba todo el resto de la tropa. El gesto técnico salía perfecto, lo mostrabas y en un golpe de muñeca ya se lo estabas pasando al de atrás, en fila india. Son esos momentos en los que uno se siente como Houdini o como el mago ese que se ponía en la 9 de julio, cerca de la estación, que cada truco que intentaba le salía como el orto. El guardia seguro que cachaba la movida al toque, pero miraba para el costado, total, eramos un grupo de pibes nomás. Todos con la camiseta, con cara de inocentes. Igual, si no resultaba esa teníamos otras. Un par de veces nos colamos por el portón de atrás, uno que daba a unas casas. Esa sí que era más peligrosa, porque la reja tenía como cuatro metros de alto.
Sin duda que la experiencia de ir a la cancha ya había cambiado para nosotros, para los partidos nos íbamos con la hinchada, para mezclarnos primero en los quinchos donde se armaba la previa. Pendejos todos, mirando de lejos, con intriga de ese mundo.
Fabián, uno de los de la hinchada había ido a pintar mi casa una vez, y le regalé un gorrito, me acuerdo. El loco cuando me veía me saludaba, se ve que no le habían tocado muchos de esos gestos en su vida, porque se veía siempre genuinamente agradecido, y me decía -si alguien te jode me avisás- en su tono ronco de tabaco y vino. Viste, no estaba sólo.
En los partidos nos metíamos al medio de la hinchada. Ahí sentí por primera vez el olor a porro, y entendí que lo de la cancha no era ninguna joda, que había tipos bravos, y que más de alguno andaba cargado. Ví lo que es el respeto ganado a las piñas, ganado también al ponerle el pecho a la cana, ganado por preocuparse que en las corridas los más pibes no quedaran atrás, como me pasó a mí una vez, que me caí una vez escapando de los gases de la policía, y que uno de la hinchada me levantó y me llevó corriendo. Ese partido fue contra Huracán, el cla´sico de esos tiempos, Banfield no existía, y Los Andes o Talleres eran de menor categoría, aunque bravos también. Ese partido no me lo olvido, ganamos 2-1, con un golazo de Villagrán, nuestro gran ídolo en esos tiempos. Te acordás como la pisaba el uruguayo!!!
Ese mundo era el que anhelábamos conocer, los colores, los bombos, los papelitos, y la gente de cancha, pelo largo, tatuajes y todas cosas nuevas, desconocidas. Jamás olvidaré que cuando el Grana salía a la cancha, los papelitos eran como un techo, que tapaban por un segundo el sol que nos castigaba. La primera vez que lo viví fue como si el tiempo se hubiera detenido.
Este fin de semana que pasó, todos estos recuerdos se me vinieron encima, Fausto, todos juntos. Pensé en todas las veces que imaginé vivir este momento. Pensé en todos los pibes, en la banda, que pasara lo que pasara, nos íbamos a juntar en la cancha. En todos los que no pudieron estar presentes para disfrutar este momento. En el Chino, y en Faustito, en Luciano, en Wipom, que por ahí debe haber estado, en el Eche, que también seguro anduvo haciendo de las suyas, en Norber, que fue a la bombonera, en mi abuelo, que era hincha de Vélez, pero que llevaba a Lanús en el corazón, como todos nosotros, en Jorge, que seguro lo vio con vos.
En los que estamos lejos pero que toda la vida los estuvimos esperando. En los que, como vos, miraban desde arriba. Pensé en lo que habría sido esta fiesta, en la gente en la 9 de julio, en la estación, en 25 de mayo, en todo Lanús. Que regalito de navidad para todos.
Yo se que lo estás viendo, eso lo tengo por seguro, como también se que cada vez que mire para el codo te voy a ver con la misma cara, la misma estampa, el mismo espíritu de siempre. Esta vuelta es para vos Fausto.

8/22/2006

Camino

En estos días me ha costado mucho mirar las cosas que han pasado. La memoria sigue fresca y las heridas están muy lejos de cerrarse. El desafío se vuelve a armar a cada rato y las consecuencias aún no se dejan ver con claridad. Eso va a ser así, no va a cambiar. Entonces, no queda más que poner los puntos donde corresponden y marcar el rumbo.

Difícil es comprender, pero a falta de certezas (quien puede hablar de ellas) tenemos nuestros propios dilemas, nuestras verdades y mentiras, y en el fondo, la mezcla de todo eso es lo que somos. No hay que dejarse llevar, porque las cartas ya están jugadas, y las miradas lo dicen todo. A veces con más vueltas que las aconsejables, con más dolor y menos suerte.

Al fondo se abre el camino. Es cosa de querer ver.

8/03/2006

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Las ganas que nunca faltan me han impulsado a poner unas líneas por adelantado, a la memoria de la que somos parte, algunos más, otros menos.

Lejos de cualquier proselitismo o panfleto, debo decir que estos días han sido extraños, desde que se supo que Fidel está complicado. Después de tantos rumores sobre sus enfermedades, muertes, sacrificios y demases, el amigo tiene más vidas que todos los gatos juntos. Notable está Galeano en el libro de fútbol, que en cada nueva década hace su reseña de lo que ha pasado, y desde el 60 hasta la actualidad "fuentes muy confiables de La Habana anuncian que el gobierno de Castro está por caer..." dulces ironías para ver lo que nos toca ahora.

El punto es que me ha dado pena, y no tiene que ver con levantar banderas, sino con algo bastante más simple y humano. Con el tiempo a Fidel se lo termina queriendo. Aunque en algunos momentos de mi tierna juventud abracé sus ideales, patria o muerte y hasta la victoria siempre, el tiempo me ha distanciado y ya no es lo mismo. Quedan cosas, valores y convicciones, pero no los fundamentalismos. En fin. No se trata de esto.

Ahora, que el barba (como dice Diego) está mal, asoman un montón de personas, que incluso desde veredas políticas contrarias, han comenzado a sentir esta incipiente pérdida, levantando todo tipo de anécdotas, que en el fondo, lo único que han hecho es dejar claro que por sobre todas las cosas, Fidel es un gran tipo. Tiene cosas malas, como todos, pero es jugado y va a muerte con sus ideales, y en este mundo, eso es más que suficiente. Quedarán sus historias, sus discursos, sus lealtades y de las otras.

Todo esto ha removido recuerdos viejos, de aquellas muertes que me han marcado, que piantan lágrimas. Recuerdo ahora a Piazzolla, cuando llegaba a Buenos Aires en las últimas, a morir allá. A Soriano, en un verano de calor y su muerte injusta y temprana. A los BVSC, que se fueron todos juntos, de a poco, a seguir guarachando más allá. A Harrison. A Nina. A Luca, cuando recién lo empezaba a querer. Se me olvidan varios, seguro, la memoria ya los traerá de nuevo.

Todos ellos me dejaron algo y su retirada marca momentos a fuego.

Sin duda con Fidel es lo mismo, o más, quien sabe. Lo voy a extrañar cuando no esté. Espero que aguante un ratito más, para conocer Cuba antes de que le impongan que hacer, y porque no hay otros que lo puedan reemplazar (ni hablar de Chávez, ya se lo quisiera, pero la falta tanto....). Es todo.