El impacto de la vida es algo que todavía no lo tengo claro. No es verdad que sólo se viva una vez, tampoco que sólo se reserve hora en el final para la muerte.
Esto lo digo porque me ha pasado.
He muerto muchas veces, y he vivido otras tantas. No se cuantas eran porque ya perdí la cuenta.
Recuerdo hace poco haber muerto a causa de un par de ojos. Bueno, en realidad no fueron los ojos los que me mataron, sino que fue el puñal dulce y suave de una mirada.
Morí de amor frente a una ventana que me separaba de mi antes y mi después.
Morí de impotencia al sentir que se me apagaba una vela, que finalmente no se quiso apagar, por suerte.
Morí de tristeza por la distancia, por el amor, por el miedo al olvido.
Morí de alegría un día de diciembre, con un escudo pegado en la piel que me está esperando.
He muerto más veces, pero ya no me acuerdo como.
5/13/2008
Morir
1/23/2008
Pequeñas disquisiciones Lafforetianas
En el 2007 hice varios nuevos amigos. Eso por sí solo es algo muy bueno, uno se va acostumbrando a que con el tiempo, empieza a perder amigos (o a distanciarse de ellos mejor dicho) más que a ganarlos. A afianzar amistades. Lo mejor es hacer amigos nuevos. Descubrir en otros las pasiones y las locuras que mueven a la gente.
Me detengo acá en uno en particular, no porque sea mejor o peor que los demás, sino porque se me apareció en un sueño. Y la verdad es que el sueño me plantea dilemas que también han sido parte de nuestras conversaciones, que si de algo se puede estar seguro, es que no tienen destino conocido.
Estaba con Rodrigo en Brasil. Sin plata, cansado, con sueño, con calor y con mucho por delante. Y acá es donde se abre el naipe. La distancia que teníamos que recorrer era muy grande. Para llegar a un lugar que no sabíamos que era, pero que teníamos la certeza que era nuestro destino, al menos por ese momento. El camino era en blanco y negro, lleno de gente en blanco y negro. Lleno de puestos y carritos, era como las calles del saara en rio, pero mucho más largas, y al final se veía que estaba el mar. El calor estaba terrible, y caminar ya se hacía muy pesado.
Paramos en un puesto, era de dibujos. Nos detuvimos primero a ver unos dibujos en tinta china, blanco y negro. Los dibujos eran de vías de trenes, eran tramas de durmientes, en formas regulares, con trazos idénticos, pero de una belleza sublime. Nos deteníamos en este lugar por un buen rato. No teníamos plata para comprar nada, pero lo curioso es que el carro estaba solo, no había nadie a quién preguntarle por los dibujos, o por último, pedirle que me regalara uno. Después venían los de los trenes. Trenes viejos, de esos de metal bien negro. Ese tenía que ser nuestro transporte, al menos dentro de nuestras mentes.
Los trenes nos empujaron a caminar, ahora las cosas eran en colores, y el verde y la luz hacían que se sintiera más fresco. Nunca llegamos al mar. Creo que ahí me desperté.
1/18/2008
Verde con gris (o era plateado)
Sueño extraño. Una tónica que venía en una lata gris con verde olivo. Que al parecer provocaba sensaciones muy especiales en quienes la tomaban. El trago tenía un nombre con dos palabras. Ya no lo recuerdo. Me imagino que se acercaba a algo parecido a un vodka tónica. Era muy difícil de conseguir, al menos eso se percibía. Los dos envases eran muy parecido. Verde con gris, o plateado. Estos sueños me están dejando cada vez más loco. Las vivencias son muy reales, las personas también. Dos latas se unían y formaban la bebida. Verde y plata.
12/04/2007
02-12-2007
Crónica de una vuelta esperada
De que manera puedo contar lo que viví este domingo. Cómo puedo explicar lo que se siente ver al granate dando la vuelta en la bombonera. Qué palabras puedo utilizar para describir lo que se siente al llorar de alegría. Creo que en esto sólo queda la posibilidad de dejar que el alma se escape por estas teclas, que deje espacio para que se pueda escribir lo que se siente.
Fue un domingo raro, sin dudas, fue el momento cúlmine de una semana llena de nervios. Debo decir que mis esperanzas fueron creciendo. Que al igual que el 97, pensé que nos íbamos a caer, por la presión, por ser mal llamado un equipo chico. En fin.
Empezamos porque no tengo cable, y por lo tanto, tenía que buscar un lugar donde ver el partido. Primer problema. Al final fui a la casa de mi viejo. Lo vi allá con mi hermano. El no es hincha de Lanús, pero es del barrio, y todos los que somos de allá, en el fondo, somos granates.
Partido raro, con el empate salíamos campeones. El equipo nervioso, pero no pasó mucho y el Pepe vacunó. Al rato se supo que Tigre iba perdiendo. El campeonato estaba listo, faltaba que pasara el tiempo nomás.
Segundo tiempo y Boca empató. Lanús jugaba mejor, pero no podía meter el segundo, pasaba el tiempo. Los nervios crecían. La vuelta estaba ahí nomás. A tigre le echaron a dos, ya no quedaba nada. Lanús Campeón. Grité con todo el corazón, la situación era rara, no lo podía creer. Me llamaron de Argentina, escuché a la gente celebrando en la calle, hablé con Lu, que estaba en Houston, en una situación similar a la mía.
Me fuí a buscar a las niños, les llevaba sus camisetas, porque empezaba el momento de celebrar.
En el auto me iba tocando la bocina, la gente no entendía nada. las reacciones eran dos. O me miraban con cara de "¿y a este huevón que le pasa?", o bien, se corrían, pensando que era un especie de urgencia o accidente. La situacón era en sí bastante cómica.
Los niños estaban contentos, gritaron, nos abrazamos. A ellos no les mueve mucho el fútbol, pero mi alegría los contagia, y lo sienten como un logro de ellos también. No lo podían creer. Saltamos, tocamos la bocina, hicimos el samba y todo el hueveo posible. De la casa nos fuimos para la Plaza Italia, el destino era ese o la Embajada de Argentina, para juntarse con la familia granate de Chile.
La verdad es que no fue una desilusión el que no encontráramos a nadie en Plaza Italia, total, la embajada debe estar llena, pensamos. En la Embajada había un paco haciendo turno. Camisetas granates ninguna. Fuimos con los niños, nos sacamos unas fotos, esperamos que el paco se diera vuelta e hicimos rin raja y nos fuimos corriendo. El paco no entendía nada, nos miraba con cara de sorpresa. Encima andaba con unas bermudas que me quedan grandes, y mientras corría se me iba bajando. Escena digna de una comedia. O de una película de terror, no se.
Ya cumplida la primera fase, quedaba ahora ir a celebrar con una cerveza, como corresponde en estos casos. El lugar elegido no podía ser otro que el Lomit´s. Con algo de suerte, incluso podía estar Mario, que sin duda se iba alegrar, no sólo por vernos, sino también por el Campeonato. Para seguir un poco con la comedia, Mario no estaba. Todavía no cabía ni siquiera un centímetro para la desilusión, así que pedimos unos completos, un schop y dos jugos.
Salud por el granate!!!!!
Dos personas nos saludaron, -"¡¡¡Aguante Granate!!!- me gritó uno, el otro hizo una seña y un salud con su cerveza.
Se estaba terminando uno de los días más felices de mi vida. Me hubiera gustado terminar viendo fútbol de primera, pero sin cable está difícil. Me acosté todavía en las nubes. Mi cabeza seguía dando la vuelta olímpica.
Al día siguiente me llegaron varios mails de felicitaciones, vine a la oficina con la camiseta. Ahora queda cumplir las mandas. Y seguir dando vueltas.
¡¡¡Vamos Granateeeeee!!!
12/02/2007
10/18/2007
Príncipe enlatado
Hace un tiempo escribí un post acerca de los sueños. En el relato conté también respecto de un sueño recurrente que he tenido en distintas etapas de mi vida, la sensación de caída libre. La idea simple de viajar al vacío sin mayores prisas, sin velocímetro, sin manubrio, sin pedales. Sin choques, por lo demás.
Esta experiencia, y su expresión concreta en uno y mil de mis sueños es algo que provoca un vértigo que va desde la punta de los pies hasta
El destino nunca se ve, es parte del vértigo. La caída siempre se espera, pero nunca llega. Es un juego, es parte del juego. Todavía no pienso que significa todo esto.
Es una manera curiosa de pasar a formar parte del aire, de volverse de a poco en algo liviano, tanto que dan ganas de nunca volver a despertar, de seguir de viaje hasta pasar por el infinito, tocarle la oreja y volver a escapar. El viaje de vuelta es aún mejor. Te deja marcadas nuevas cosas, olores y sabores que se meten por todos lados. El corazón latiendo sin pausas, no sólo en el pecho, por
Curioso. Nunca me había pasado, pero ahora logro reconocer esa misma sensación. Ya no en sueños. Ya no estoy dormido. El vértigo me invita. Yo me subo. Me tiro. Me voy de viaje…
6/29/2007
Chutney de mango
Sobre los sueños.
El titulo, por sí solo, no es explicativo de mucho en este caso. Un chutney, por decirlo de la manera más corriente, es algo así como una mermelada. Bueno, ahora cabe la pregunta del por qué de este título.
A través de conversaciones a lo largo de mi vida, me he dado cuenta que no es tan corriente como pensaba el tener viajes oníricos largos y complejos. A mí me pasa muy seguido que tengo sueños que en mi mente duran mucho, que son historias complejas, algunas que continúan, y que al despertar me evocan diferentes sensaciones.
El título es entonces por un sueño que tuve hace poco. Soñé precisamente que comía chutney de mango, y el platillo en cuestión era tan rico que no no tenía recuerdos de haber vivido tal sensación de placer. Cada bocado era como una bocanada de aire fresco que me llenaba todo el cuerpo y me estremecía por completo.
Me desperté con una sensación extraña. Recordaba con precisa claridad muchos instantes del sueño, los colores, los aromas, los lugares. Si bien sueño mucho, no siempre los recuerdos son tan claros.
Tuve que preguntar como se llamaba esta especie de mermelada. Lo había escuchado, pero se me había olvidado. El círculo cerró perfecto, y la satisfacción es también total de poder atesorar estas cosas.
De sueños podría hablar mucho. Tengo varios de cabecera. No se si alguna vez han experimentado la posibilidad de volar. Yo sí, y a juzgar por lo que se siente, debe ser también cercano a la realidad. Eso lo he soñado muchas veces. Elevarse por el aire y flotar es la sensación más inigualable que se pueda sentir. O acaso alguien me podrá decir que no lo he experimentado. No digo haberlo vivido porque está más que claro que no es así, pero no está tan lejos.
Cuando era chico soñaba muchas veces que caía al vacío. No era una sensación de angustia, más bien era una caída sin fin. La primera parte daba un poco de susto, pero después era una sensación buenísima, con un hormigueo en todo el cuerpo que al rato no quería que se terminara más.
También he soñado con lugares que no conozco. Casas. Edificios. Lugares en los que claramente no he estado, pero que me parecen familiares, en los que no me siento extraño. Es raro, muchas veces, en la vida real me ha pasado que llego a un parte y me parece que la conozco, o una persona. Debe ser que las he visto en mis sueños.
No todo es color de rosa. He tenido también pesadillas terribles. Han sido pocas, pero muy marcadoras. Principalmente muertes. han habido dos muy fuertes. Una cuando era muy chico, con Drácula como el protagonista más malo que he visto jamás. Me amenazaba con echarse a mi hermano, arriba de un árbol, cosa que yo no podía ayudar ni evitar. No lo pasé bien. Era chico, unos 7 años, estaba en un camping, en verano, en una carpa, en la oscuridad de la costa de Ostende, un balneario cerca de Villa Gessell, en la costa de Buenos Aires. Todavía recuerdo la cara de Drácula con mi hermano en sus brazos.
Con esto estoy dando material para que me analicen por completo. Creo que un psicoanalista me podría estar viendo en pelotas, pero en fin. No hay mucho que esconder, creo que en todo lo que he escrito he seguido la misma línea. Abrir más que cerrar.
Para otra entrega dejo el mejor sueño que he tenido. El que todo futbolero quisiera, con el Diego de protagonista. No porque no lo quiera escribir ahora, sino porque se merece un post individual. Aguante Diego.
