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7/20/2010

Algo nuevo

No puedo decir que no escribía por falta de tiempo, porque tiempo es lo que muchas veces sobra, aunque uno se convenza de lo contrario. Tampoco puedo decir que vuelvo por arrepentido, porque sería mentira. Vuelvo porque me gusta, tiene más cercanía quizás. O simplemente porque en un momento en que no se me ocurrió nada más que hacer, llegué sin querer hasta acá.
Esta sería lejos la sequía más larga, pero al cabo que importa.
Este blog lo hice para escribir de variadas cosas. Revisando, me di cuenta que hace 4 años escribí sobre el mismo sufrimiento que hace poco me volvió a atacar, y de manos del mismo responsable. Tanto tiempo puede dibujar un camino con subidas y bajadas, con encrucijadas. Con precipicios, con entradas y salidas. Con desvíos. Sin rumbos, sin señales. Con huellas bien marcadas. Con caminantes.
Ahora me dispongo a un nuevo viaje. Quizás el más importante que haya hecho jamás. No sólo porque se me ocurrió cambiar de continente, de idioma, de actividad y de familia. Sino porque arrastro las ganas de la vida, de la incertidumbre, de intentar, de dar el salto sin importar si hay donde caer. Entre tantas cosas que no se, hay algunas pocas que no incomodan ni tampoco insegurizan. El viaje ya está acá nomás.

11/25/2007

Vista al mar


Sin tener una idea clara del por qué, mientras estaba disfrutando de una maravillosa noche en el recital de Serrat y Sabina (que sin duda merece comentarios aparte), se me ocurrió que algo que quiero hacer en algún minuto de mi vida es vivir con vista al mar. Y es verdad, hay pocas cosas que me inmovilizan tanto como mirar el mar. Y no es una inmovilidad sin rumbo, sino todo lo contrario. Es dejar sólo espacio a la vista para hacerse cargo de lo que pasa por delante de nosotros. Es dejar de respirar por los pulmones, sólo para dejarle todo a la mirada.
Bueno, igual queda algo para el resto de los sentidos. El sonido del mar es inigualable, y no cansa. Te puedes dormir con él, y será una gran noche. Te puedes despertar con él también, y esperar que sea un mejor día.
El olor del mar es también una maravilla. Su sabor también. El tacto sale perdiendo, si fuera menos frío sería mejor.
Recuerdo de niño, llegando a la playa, primero pasando por la Cuesta El Melón, que en ese entonces era un cerro sin túnel, empezaba la ansiedad, que entraba primero por la vista, al pasar Longotoma, pasado la cuesta, en una curva se alcanzaba a divisar un cachito del mar. Esa era la señal de que empezaban las vacaciones. Pichidangui esperaba paciente para recibir a este humilde veraneante. Después era llegar, tirar las cosas y correr a bañarse. Todavía hago lo mismo, aunque mi termostato y mi tolerancia al agua fría haya cambiado por completo (no puedo creer que no me cagara de frío cuando chico!!).
Desde entonces que el mar me ha encantado, con su magia y su majestuosidad.
De mi casa se ve el mar, pero la orilla nomás. Da simplemente para decir que se ve el mar. Quisiera poder ver el horizonte azul desde mi ventana. Levantarme y estirarme mirando el mar. Ver en las noches su eterna oscuridad, escuchar el murmullo cantante de las olas.
Espero alguna vez vivir en una ciudad con mar, y en una ventana abierta poderlo recibir cada mañana en mi vida. Si puede ser en compañía de mis pibes aún mejor.

11/04/2007

Río

Santa Tereza
Lapa
Flamengo
Botafogo
Copacabana
Ipanema
Leblon
Lagoa
Bondinho
Meia meia um

6/29/2007

Chutney de mango

Sobre los sueños.
El titulo, por sí solo, no es explicativo de mucho en este caso. Un chutney, por decirlo de la manera más corriente, es algo así como una mermelada. Bueno, ahora cabe la pregunta del por qué de este título.
A través de conversaciones a lo largo de mi vida, me he dado cuenta que no es tan corriente como pensaba el tener viajes oníricos largos y complejos. A mí me pasa muy seguido que tengo sueños que en mi mente duran mucho, que son historias complejas, algunas que continúan, y que al despertar me evocan diferentes sensaciones.
El título es entonces por un sueño que tuve hace poco. Soñé precisamente que comía chutney de mango, y el platillo en cuestión era tan rico que no no tenía recuerdos de haber vivido tal sensación de placer. Cada bocado era como una bocanada de aire fresco que me llenaba todo el cuerpo y me estremecía por completo.
Me desperté con una sensación extraña. Recordaba con precisa claridad muchos instantes del sueño, los colores, los aromas, los lugares. Si bien sueño mucho, no siempre los recuerdos son tan claros.
Tuve que preguntar como se llamaba esta especie de mermelada. Lo había escuchado, pero se me había olvidado. El círculo cerró perfecto, y la satisfacción es también total de poder atesorar estas cosas.
De sueños podría hablar mucho. Tengo varios de cabecera. No se si alguna vez han experimentado la posibilidad de volar. Yo sí, y a juzgar por lo que se siente, debe ser también cercano a la realidad. Eso lo he soñado muchas veces. Elevarse por el aire y flotar es la sensación más inigualable que se pueda sentir. O acaso alguien me podrá decir que no lo he experimentado. No digo haberlo vivido porque está más que claro que no es así, pero no está tan lejos.
Cuando era chico soñaba muchas veces que caía al vacío. No era una sensación de angustia, más bien era una caída sin fin. La primera parte daba un poco de susto, pero después era una sensación buenísima, con un hormigueo en todo el cuerpo que al rato no quería que se terminara más.
También he soñado con lugares que no conozco. Casas. Edificios. Lugares en los que claramente no he estado, pero que me parecen familiares, en los que no me siento extraño. Es raro, muchas veces, en la vida real me ha pasado que llego a un parte y me parece que la conozco, o una persona. Debe ser que las he visto en mis sueños.
No todo es color de rosa. He tenido también pesadillas terribles. Han sido pocas, pero muy marcadoras. Principalmente muertes. han habido dos muy fuertes. Una cuando era muy chico, con Drácula como el protagonista más malo que he visto jamás. Me amenazaba con echarse a mi hermano, arriba de un árbol, cosa que yo no podía ayudar ni evitar. No lo pasé bien. Era chico, unos 7 años, estaba en un camping, en verano, en una carpa, en la oscuridad de la costa de Ostende, un balneario cerca de Villa Gessell, en la costa de Buenos Aires. Todavía recuerdo la cara de Drácula con mi hermano en sus brazos.
Con esto estoy dando material para que me analicen por completo. Creo que un psicoanalista me podría estar viendo en pelotas, pero en fin. No hay mucho que esconder, creo que en todo lo que he escrito he seguido la misma línea. Abrir más que cerrar.
Para otra entrega dejo el mejor sueño que he tenido. El que todo futbolero quisiera, con el Diego de protagonista. No porque no lo quiera escribir ahora, sino porque se merece un post individual. Aguante Diego.

9/05/2006

Llaves

Las puertas se abren más de mil veces. Por igual cantidad de veces que se vuelven a cerrar. Eso podría ser una ecuación que deja siempre en el mismo lugar. Pensarlo así sería un enorme error.

Cada palabra empieza a construir todo de nuevo, peleando con los ruidos y con las amarras, que son ciegas, que no quieren ver. Que no se dan cuenta. Que somos nosotros mismos, los que atamos y los que quedamos atados. Que fácil sería poder deshacer y volver a empezar, no volver a tropezar, no caerse ni negarse a oír, no ver, dejar de sentir.

No es tampoco un abismo. Puede serlo, de los peores, pero eso será sólo por un momento. La puerta se vuelve a abrir, y esta vez, por más que no sea ni la primera, ni la mejor, ni tampoco la última, el camino se ve igual de amplio que las otras veces, igual de abierto.

Empiezo de nuevo a empujar el carro, aunque no estoy seguro si tomaré los mismos caminos. Más de alguno se repetirá, al menos hasta la próxima vez que vuelva a empezar.

No quiero dejar de mirar atrás. No quiero olvidar, y seguir adelante cargando con los mismos miedos, con la misma esencia. Sin esperar nada. Sólo seguir, y las llaves seguirán abriendo las puertas, y las cosas seguirán adelante. Y en el aire quedará mi voz y mi olor. Y cada paso será un día nuevo.