No puedo decir que no escribía por falta de tiempo, porque tiempo es lo que muchas veces sobra, aunque uno se convenza de lo contrario. Tampoco puedo decir que vuelvo por arrepentido, porque sería mentira. Vuelvo porque me gusta, tiene más cercanía quizás. O simplemente porque en un momento en que no se me ocurrió nada más que hacer, llegué sin querer hasta acá.
Esta sería lejos la sequía más larga, pero al cabo que importa.
Este blog lo hice para escribir de variadas cosas. Revisando, me di cuenta que hace 4 años escribí sobre el mismo sufrimiento que hace poco me volvió a atacar, y de manos del mismo responsable. Tanto tiempo puede dibujar un camino con subidas y bajadas, con encrucijadas. Con precipicios, con entradas y salidas. Con desvíos. Sin rumbos, sin señales. Con huellas bien marcadas. Con caminantes.
Ahora me dispongo a un nuevo viaje. Quizás el más importante que haya hecho jamás. No sólo porque se me ocurrió cambiar de continente, de idioma, de actividad y de familia. Sino porque arrastro las ganas de la vida, de la incertidumbre, de intentar, de dar el salto sin importar si hay donde caer. Entre tantas cosas que no se, hay algunas pocas que no incomodan ni tampoco insegurizan. El viaje ya está acá nomás.
7/20/2010
Algo nuevo
10/18/2007
Príncipe enlatado
Hace un tiempo escribí un post acerca de los sueños. En el relato conté también respecto de un sueño recurrente que he tenido en distintas etapas de mi vida, la sensación de caída libre. La idea simple de viajar al vacío sin mayores prisas, sin velocímetro, sin manubrio, sin pedales. Sin choques, por lo demás.
Esta experiencia, y su expresión concreta en uno y mil de mis sueños es algo que provoca un vértigo que va desde la punta de los pies hasta
El destino nunca se ve, es parte del vértigo. La caída siempre se espera, pero nunca llega. Es un juego, es parte del juego. Todavía no pienso que significa todo esto.
Es una manera curiosa de pasar a formar parte del aire, de volverse de a poco en algo liviano, tanto que dan ganas de nunca volver a despertar, de seguir de viaje hasta pasar por el infinito, tocarle la oreja y volver a escapar. El viaje de vuelta es aún mejor. Te deja marcadas nuevas cosas, olores y sabores que se meten por todos lados. El corazón latiendo sin pausas, no sólo en el pecho, por
Curioso. Nunca me había pasado, pero ahora logro reconocer esa misma sensación. Ya no en sueños. Ya no estoy dormido. El vértigo me invita. Yo me subo. Me tiro. Me voy de viaje…
