Mis eternas manías de andar buscando bandas de sonido para los momentos en los que me da por pensar en lo que me rodea encuentra ahora sólo los estallidos de algunos fuegos artificiales, que tiene por autores a algunos colgados que vienen celebrando los 100 años de San Lorenzo desde hace una semana. San Lorenzo, no el santo, sino el club de fútbol, al que ubico apenas un escalón debajo de mi viejo y eterno querido Lanús.
Los aires me han vuelto a depositar en Buenos Aires, y cada vuelta es una nueva necesidad de pensar que es todo esto para mí.
Los tiempos, por más que los quiera dejar en stand by tienen esa maldita manía de avanzar sin ningún tipo de consideración, ni siquiera de la más piadosa que se le pueda pedir. Sólo un rato, para poder disfrutar sin las culpas y sin las presiones de que todo lo que me invade de este lugar sigue siendo parte de un paréntesis que se me acaba, que se que volverá, pero inevitablemente a cuenta gotas, dejando siempre lágrimas encerradas y confusas detrás de todo.
Ahora es distinto, siempre es distinto, aunque empecinado quiera seguir pensando que para mí Buenos Aires no es turismo, a veces me siento extraño, aunque camino por la calle con el aire y con la idea de que sigo siendo de acá.
No voy a dejar de serlo, pero la verdad es que no me resulta, o no me lo creo. O me lo cuestiono y sigo pensando boludeces.
Lo único es que por cada viaje siempre hay cosas nuevas. Nuevas personas que voy conociendo, nuevos amigos que voy sumando. Lugares a los que todavía no voy. Lugares a los que voy siempre. Viejos que están iguales. Familia que está más vieja. Emociones que no me dan mucha tregua. Gargantas rojas y abrazos apretados.
Los espacios donde surgen las dudas serán siempre mis lugares favoritos, no podría explicar bien por qué. Sólo que los alimento, los hago crecer, hacerse grandes. Tal como toda esta historia, donde termino siendo yo un protagonista sin guión, sin ruta, pero que vuelve siempre al mismo lugar que lo vio nacer.
4/01/2008
Residencia
11/04/2007
9/04/2007
Sal Gruesa
Pocas formas, o escaso brillo. Más bruto, más burdo. Imperfecto, amorfo. Una vuelta, dos vueltas, sigue y nada cambia.
¿Es necesario depurar el contenido? ¿sirve de algo apurar el tranco?
La verdad es que no. En esta parada prefiero quedarme acá, porque los viajes que siguen llegan siempre al mismo lugar, quizás desde otros lugares, o por otros atajos, pero la llegada es la misma.
Estoy cada vez más loco con estas metáforas. Parece que aunque digo lo contrario, las vueltas me las doy igual.
Al menos en mi cabeza, siempre hay vueltas, nuevas miradas a los mismos lugares, pocos ganchos.
Desde hace ya bastante tiempo cocino con sal gruesa. Me gusta. Tiene otro sabor (o al menos eso me da la impresión). Cruje. Es dispareja, aparece en ciertas partes, sin aviso. Es más linda.
Salar con molinillo es distinto.
En fin, me siento en medio de divagaciones sin mucho sentido, pero de hace ya varios días que me da vueltas en la cabeza esta idea.
¿Como salgo ahora de esto? o es acaso una absurda necesidad de poner palabras para tapar otras ganas de hablar, de alargar otros silencios que de tímidos pasaron a llevar la batuta en este baile.
No se bien en qué estoy con esto. Me acerco a lo más simple, a lo original, a ver si desde acá se puede empezar trazar las líneas más derechas. O más claras, o al menos, más definidas.
6/19/2007
Rockstar
Yo tuve una banda. Y no es una exageración decirlo. Durante dos o tres años tuve una agitada vida acompañada de mis congas, que iban para todos lados.
Créanme que no es un tema menor andar por la vida con instrumentos de mediano-gran tamaño. Subirse con un par de congas a una micro es toda una experiencia. Uno pasa a ser como el hombre orquesta, porque todo el que te ve piensa que te estás subiendo a tocar, pero en mi caso no fue así, debo decirlo. No me imagino a los ejecutantes de instrumentos de gran tamaño (graaaaan tamaño) como contrabajos, trombones u otros del estilo. Recuerdo de alguien que una vez me contó que conocía un contrabajista que se cambió a vivir al lado del club de jazz, para no tener que sufrir con el contra a cuestas... a eso me refiero, obviamente que en una escala menos, pero algo así.
Mi relación con la música (en este caso, como músico) no pasó más allá de ser un hobby que con el tiempo fue agarrando más seriedad, al punto que tengo la certeza de que varios momentos de los que viví los voy a guardar por mucho tiempo.
Mi banda se llamaba SonBolero. En su primera etapa experimental se llamó Los Genitales. Como su nombre lo indica, empezó como una joda. De hecho el nombre iba acompañado del slogan. Tocamos como el pico y sonamos como las huevas. En la segunda etapa, nos tomamos las cosas algo más en serio, y obviamente esto implicaba también cambiar el nombre a uno más decente. Así surge Sonbolero.
Teníamos un repertorio eminentemente latino. Como su nombre indica, Sones, boleros, guajiras fueron saliendo de nuestros instrumentos.
Sonábamos bien.
Debo decir que toqué para más que mi familia, y en escenarios más grandes que el living de mi casa. Aunque el género no favorecía romper guitarras ni teñirme el pelo, me daba para pasear, al menos por un rato, con un aire de estrella de rock (porque estrella de son no queda bien, en realidad). Tuvimos tocatas muy buenas, y lográbamos tener buena onda con el público, y así, de a poco, nos fuimos acostumbrando.
En un par de tocatas, al bajarse del escenario y mezclarse con la gente se siente un aire especial. Te ofrecen copetes, la gente se te acerca. En fin, lo más cercano a la fama que he tenido.
El punto máximo fue en una tocata que taloneamos a Ángel Parra Trío. Era en
Como decía antes, la verdad es que viví momentos muy buenos. Aparte conocí a uno de mis grandes amigos en la banda, al guatón, que lo invitamos a tocar con algo de desconfianza por su fama de carretero. Y bueno, no lo hizo nada de mal. El primer ensayo, en la casa de mi viejo, llegó con la caña del demonio. El coro de El pescador - anda con la luuuuna - fue rápidamente modificado por el nuevo por el más adecuado, - anda con la caaaaaña -. Luego de esa experiencia nos hicimos grandes amigos, y aparte que el grupo se fue para arriba. El guatón manejaba bien el asunto, y con el tres bien compay empezamos a sonar realmente bien.
Bueno, como toda banda llegó un momento en que la motivación bajó, y se tomó la decisión de cerrar el ciclo, obviamente con una tocata. Esta vez en La Marina, un bar que está es seminario. Bonito momento también, algo emotivo, sabiendo que era la última tocata.
Nos faltó grabar un disco. Tenemos uno, pero casero y que no suena muy bien. Fue antes de que tocara el guatón, por lo que registra otra versión de SonBolero, que no fue la mejor. Habría sido un buen recuerdo. Igual escucho a veces el que grabamos, pero me hubiese gustado que quedara registrada la etapa con el guatón. En fin.
Si tienen la posibilidad de tocar en una banda, háganlo, por más que no sepan de instrumentos, inventen, con ganas se puede.
PD, para otras entregas hablaré del inicio del grupo y de las tocatas que hacíamos con show y animación incluida, para 100 secretarias buenas para el hueveo, con doble de Ricki Martin, si lo sabe cante y una cantidad de huevadas increíbles.