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7/20/2010

Algo nuevo

No puedo decir que no escribía por falta de tiempo, porque tiempo es lo que muchas veces sobra, aunque uno se convenza de lo contrario. Tampoco puedo decir que vuelvo por arrepentido, porque sería mentira. Vuelvo porque me gusta, tiene más cercanía quizás. O simplemente porque en un momento en que no se me ocurrió nada más que hacer, llegué sin querer hasta acá.
Esta sería lejos la sequía más larga, pero al cabo que importa.
Este blog lo hice para escribir de variadas cosas. Revisando, me di cuenta que hace 4 años escribí sobre el mismo sufrimiento que hace poco me volvió a atacar, y de manos del mismo responsable. Tanto tiempo puede dibujar un camino con subidas y bajadas, con encrucijadas. Con precipicios, con entradas y salidas. Con desvíos. Sin rumbos, sin señales. Con huellas bien marcadas. Con caminantes.
Ahora me dispongo a un nuevo viaje. Quizás el más importante que haya hecho jamás. No sólo porque se me ocurrió cambiar de continente, de idioma, de actividad y de familia. Sino porque arrastro las ganas de la vida, de la incertidumbre, de intentar, de dar el salto sin importar si hay donde caer. Entre tantas cosas que no se, hay algunas pocas que no incomodan ni tampoco insegurizan. El viaje ya está acá nomás.

11/14/2007

Novela

Que terrible. Tengo ganas de escribir una novela. El problema es que sólo tengo las ganas.
Me faltan algunas cosas.
Detallo.
No tengo una historia. Por lo general, suelo escribir sobre mi mismo. Que autorreferente. En realidad, no exactamente sobre mi mismo, sino sobre cosas que me pasan o que pienso. En algunas el protagonista soy yo. En otras algunos de mis demonios más amigos. Mis ángeles aparecen poco.
Entonces, de donde saco una historia? Podría pensar en que he vivido poco y me faltan experiencias. Podría pensarlo, pero no creo que sea así. Prefiero pensar en que no me atrevo mejor. O que tengo que canalizar mejor las ideas. O ser más creativo. Tengo algunas ideas, o mejor dicho, algunas esperanzas.
Lo seguro es que tendría más lágrimas que sonrisas, pero éstas últimas serían de las buenas. Sería más al aire libre que en una pieza.
El protagonista sería hombre, y tendría el corazón semi roto, si es que se puede tener el corazón así. La causa de la ruptura no está clara, pero hay dos mujeres que algo podrían decir al respecto.
Habrían más puertas abiertas que cerradas.
Al protagonista le gustaría mucho caminar.
Sería en Santiago. Pero con frío, no del bueno.
Todavía no se si terminaría bien o mal. Ja, hablo del final. El colmo.
El protagonista viviría en dos mundos. O mejor en tres. Dentro de su cabeza.
Bueno, otro de los problemas, es que no sabría como escribir una novela. Lo más largo que he escrito es de una página.
En fin. No tengo historia y menos sabría como escribirla.
Ojo, tengo la voluntad, que puede ser más importante que las dos cosas anteriores.
Así que en cualquier momento me largo en este viaje.
Hace poco leí un libro sobre un escritor que escribe una novela, y eso me entusiasmó (en un resumen bastante amplio). Me faltaría un cuaderno azul con tapa de cuero, empastado a mano, y fabricado en Portugal. En su reemplazo tengo una libreta tipo croquis, del cartón más barato, y comprada en Río. Visto desde ese lado no voy tan mal. Me falta la mano de Auster igual, pero al menos le puedo robar algunas ideas. Los agujeros, podría ser. Las realidades paralelas. Ambas cosas me gustaban de antes, así que técnicamente no sería un robo, sino una coincidencia.
Quien sabe, quizás me meto en uno de esos agujeros y no salgo más...

10/08/2007

Fantasma compañero

Ya van 30 años que me hago acompañar por mis fantasmas. Tengo de todos los tipos. O mejor dicho, el que tengo es total y absolutamente multifacético. Puede cobrar vida en el mejor de los vendedores de pomada existentes, esos como los que aparecen en los infomerciales (remember Didi Seven?) que son capaces de vender el producto más inútil jamás creado a tipos que dudosamente cuentan con la plata para gastar en esas huevadas. También tengo de aquellos que en el momento en que se necesita un empujón, te agarran de la camisa. A veces bien, a veces mal. Incluso se me aparecen en una parada más esquizoide, y ni siquiera queda claro cual de las manos tomar.
Parece caricatura, pero es la más pura verdad. No hago nada sin consultar a mis fantasmas. O bien, podría ser más drástico y decir que finalmente mis fantasmas me dominan.
Esto no es más que una forma de decir que en muchas de las decisiones en las que me veo, me cuesta a veces mucho poder tirarme a la piscina sin pensar demasiado en lo que está antes, pero mucho peor, lo que puede venir después. Como verán, lo que venga después siempre será un libro abierto, que por más que quiera, trate o me desespere, va a pasar igual, y está bastante más alejado del alcance de mis dedos de lo que me gustaría.
Mi psicóloga me ayudó bastante en reconocer esto y también en aprender a dejarlo pasar. No me resulta fácil, pero al menos a veces la dejo pasar.
No es fácil. Son años de entrenamiento y de intenso diálogo con mis acompañantes como para dejarlo de un día para otro. A veces es más intenso, a veces más autoflagelante, a veces no me importa.
No todo es negativo, cuidado. La reflexión es parte de mi vida, y gracias a esto es que he llegado hasta acá con estas manos y estos pies. En todo caso, es mejor fantasma conocido que por conocer...

8/06/2007

Abismo

A veces, en la lucha contra las ganas de escribir y la dura realidad de que al final lo que escriba siempre me parece más unas líneas aleatorias que algo digno de ser leído. Choco y choco contra las mismas paredes, que no están ahí por casualidad, están ahí porque yo mismo las pongo. No se bien por qué, pero cada vez es más complicado poder estirar la mano con tranquilidad y salir airoso de la pelea.
En ocasiones tengo ganas de caminar hacia arriba, saliendo de una espiral que come dos pasos por cada palabra. Escribir en estos casos se hace necesario. Imprescindible. Y vuelvo a lo mismo. Más palabras y más juicios.
Tendría que volver a nacer para poder conocer otra historia. Tendría quizás que conocerme mejor para poder lidiar con todas las letras y quedar mejor parado cada vez.
Quizás abismo es muy extremo. Quizás soy lo que soy por esto y por todo lo demás. No conozco aún el fondo, tampoco me interesa conocerlo. Sí puedo decir que entrando y saliendo estoy mejor, que a veces de tanto tiempo afuera lo único que quiero es hundir la cabeza y sólo no ver.
No se por qué escribo esto. Será porque no me gusta lo que escribo. Será porque me encierro sin que nadie me lo pida.
No quiero dejar la idea de algo oscuro. Para nada. Quiero poder salir sin dudas de cada hoja y de cada historia.
Dejar de lado la impotencia de no poder ver como quisiera. Que las palabras sonaran sin pausas.
Me gustaría escribir una historia en la que no estuviera yo, pero por una extraña razón no puedo salir de ahí.

12/05/2006

Manija

El otro día en uno de los habituales momentos de amplias y variadas disquisiciones (divagaciones, disgreciones) sobre la vida me puse a pensar en algo bastante obvio, que es que el camino que uno se va haciendo es fruto de un sinnúmero de decisiones, de disyuntivas y cosas así. Siempre quedan opciones latentes en el aire (o en el entorno, diría Luhmann). El punto es que iba en la micro, y la metáfora que me alumbró la existencia son las manijas. Depende de que manija te agarres el destino que vas a tener. Y ahí empezó la sombra de la duda, que ya más que algo esporádico, es como la voz de la conciencia.
¿Me habré agarrado de las manijas correctas?
Siempre que empiezo con esas preguntas voy viendo que las respuestas no son del todo satisfactorias, que quizás sí, que quizás no. En fin.
Algo que aprendí de mi terapeuta es que esas preguntas no sirven para nada. Que las respuestas no son nunca suficientes, y es más, que ni siquiera son válidas, porque no tiene sentido perder el tiempo en pensar las cosas que podrían haber sido, sino que lo mejor es ocuparlo en lo que hay, y en cómo mejorarlo, en el caso que corresponda.
En resumidas cuentas, lo de la manija es una reverenda pelotudez podría decirse, ya que con lo dicho, no tendría mucho sentido. Pero no es tan así. La verdad es que guardando las distancias y con un siempre bienvenido sentido de mesura, es bueno hacer una revisión de ciertas decisiones.
Las mías me dejan contento, en general. Hay cosas que me gustaría haber hecho, o metas que me gustaría haber logrado, pero tengo claro que algunas implicaban dejar de hacer otras, y no se que habría dejado de hacer.
Me habría gustado jugar más hockey. Y mejor. No haberme quedado en la lesión ni ponerla como excusa para no querer ir más allá.
Me habría gustado viajar más.
Me habría gustado estudiar afuera. (Las últimas dos no valen, porque todavía las puedo hacer).
Me habría gustado tener más tiempo a mis abuelos, o haber pasado más tiempo con ellos.
Me habría gustado no dejar tantos amigos en el camino, o gente a la que quiero, pero que nunca más volví a ver.
Me habría gustado jugar mejor al fútbol, aunque tan malo no soy.
Me habría gustado cantar mejor (cantar en realidad, porque canto como las pelotas) y tocar piano.
Bueno, como ven, muchas cosas. Algunas son alcanzables, otras quizás no. Algunas serán siempre deseos y otras ilusiones.
A pesar de todo esto, la lista de las cosas que tengo es infinitamente mas grande.
Tengo una familia maravillosa, una mujer que me entiende y unos hijos que me adoran.
Tengo amigos de oro, y se que los voy a tener hasta que me muera.
Tengo buenos oídos, buena cabeza.
Tengo un perro que me hace caso.
Cocino bien.
Disfruto de la vida, a veces menos de lo que me gustaría, pero disfruto bastante.
Tengo proyectos, ideas y ganas.
Soy un buen papá, dicho por mis hijos, no por mí nomás.
Y bueno, eso. Cargo también con una mochila de inseguridades, que a veces pesa más de lo soportable, pero que también se suele aligerar cuando lo necesito. Eso es parte de mí y ya entendí que no tengo nada que hacer por olvidarme de ella, sino más bien, aprender a llevarla como corresponde.

PD: como ya se que hay gente que lee las cosas que escribo, no estaría mal que alguna vez dejaran algún comentario.

11/14/2006

Destructores, sensibles y cariñosos

Hay veces en que el lenguaje nos hace ciertos guiños extraños, y las palabras nos seducen más por su brillo estético que por su significado.
Lo que está puesto por título hace mención a eso mismo, mezclado con sensaciones y emociones. Surgió de boca de la profesora de Gabriel, explicando un taller que van a hacer. No me daré la lata de describirlo, simplemente quise recuperar esas palabras que quedaron dando vueltas en mi cabeza.
Con esto doy inicio a un nuevo posteo, con asociaciones libres acerca de cosas tan livianas, que de tanto volar llegan finalmente a ser el centro de las ideas.
Lo del título habla de virtudes, de las propias formas de observación sobre uno mismo, de las dificultades para poder darse cuenta cuales son los lugares a los que podemos llegar, los que pisamos a diario, los que miramos desde lejos, buscando alcanzar.
Un ejercicio simple, que comienza en sacar los prejuicios, en ver las cosas sin ataduras, enfocar la mirada sin miedos y dejarse llevar. Los resultados dependen de cada uno. Me sorprende que los niños sean capaces de mirarse y mirar a los otros como algo natural, que de adultos vamos desaprendiendo, o contaminando con muchas otras cosas.
Bueno, yo sigo con mis esfuerzos de volver a aprender, dándome cuenta de que no es un proceso fácil ni rápido, sino más bien, una forma de ver las cosas.
Me gusta, sirve como una forma de limpiarse, de mantenerse más activo.
En mi caso, no se si seré destructor, sensible o cariñoso, quizás a veces alguna, quizás todas. Mis virtudes y mis miedos están lejos de ser tan simples, no en un sentido negativo, sino todo lo contrario. Envidio esa capacidad de expresar el sentido en una sola palabra. Los niños pueden hacerlo, como algo natural. Yo trato y trato. Y en eso sigue la vida. Ahora más fluida, menos densa.