En épocas de vacas flacas, pero no de las que están flacas por no comer, sino a las que se les van cansando los sentimientos, siempre es bueno poner una estrella entre medio de los puntos suspensivos. Salir un poco de la ráfaga en que se convierte a veces el día a día hace bien, eso no caben dudas. Lo increíble es que a veces no se necesita más que una palabra, una imagen o simplemente una idea para poder escapar, al menos por un rato.
El fin de año ha estado duro, es primera vez que me siento cansado de tanto trabajo, pero no voy a dar la lata con eso.
Sólo quiero contar que por un rato me convertí en un león. un león que defiende a su familia y que pelea por darles el alimento. Me mantuve vivo por un rato en la imaginación de mi hijo Gabriel. O mejor dicho, la imaginación de mi hijo me hizo revivir por un rato.
No puedo ocultar que se me apretó el pecho de emoción al escuchar a mi hijo contándome porque me había dibujado así. Entre medio de los problemas, se asomó un rayo de sol.
Gracias Ga. Así las cosas se ven mejor, sólo unas palabras para ver mejor entre las nubes. Y ahora, de vuelta a la pelea, pero mejor.
12/04/2008
Rey León
1/23/2008
Polvo

A veces el lugar acompaña una suerte de proliferación de ideas aleatorias, sin mucho rumbo ni menos intenciones. El aire es más pesado, mejor dicho, es más presente, más activo, más irrespetuoso. Toca la puerta, se sienta y se queda. No importa que nadie lo invite.
Los efectos del lugar siempre serán una incógnita, pero claramente uno se relaciona de diferentes maneras con su ambiente. Por mí, prefiero este aire así, con humedad, más pesado. Estoy en Arica, o al menos, estuve allá hace unos días, pero mi mente me lleva de nuevo.
No es una ciudad bella, para nada. Esperaba algo distinto. Los cerros se caen encima, pero no traen mucho para entregar.
Lo mejor que tiene Arica, y acá me tendrán que disculpar los nacionalistas, es que está al lado de Tacna. Esto por varias razones, pero si digo que en tacna hay Malta Cusqueña, creo que eso ya vale para que no me maten por decir esto.
En un viaje de trabajo, en un par de horas libres que me quedaron, me escapé en un taxi con Candonga, conducido por el hermano de Titan Do Nascimento, en un auto igual al que salía en la foto del clinic (se te extraña Don Titán...)
Salida a la ruta, el motor rugiendo, o más bien, tosiendo, el apetito ya se empieza a abrir, pensando en la posibilidad de poder volver a soborear una malta cusqueña...
Me gusta el desierto, siempre me ha parecido intrigante la inmensidad con la que se muestra, la tremenda calma que tiene, pero también, la fuerza que muestra, sólo con su presencia.
Llegamos con poco tiempo, así que había que buscar pronto el lugar de los hechos. Nos recomendaron en uno, pero llegamos y estaba cerrado, así que partimos a buscar otro por ahí. Llegamos a un restaurant llamado Mochica, en Bolognesi, la carta tenía fotos, por lo que se sobreentiende que ahí nos quedamos. Sentir nuevamente el sabor de la malta me transportó en el tiempo, que placer más grande, y más grandes aún los recuerdos de Cusco.
El cebiche estaba de película, la jalea también. El pulpo ni hablar (una mención aparte, que manera de quedarles bien el pulpo a los peruanos, a mí me queda como chicle...). Candonga pidió una sopa de mariscos increíble también. Fue un gran banquete, un placer total perdido al medio del desierto. Terminamos de comer, dimos una vuelta y en ruta nuevamente, así de rápido todo, todavía con el sabor de la comida encima. Candonga, de hecho, se fue chupando los dedos en el camino...
El chofer de la vuelta era de otro estilo. El auto también, era más nuevecito y tenía radio con cd. El amigo iba escuchando Grupo 5. No sólo escuchaba, se pegaba sus bailes y percusiones. Un gran hallazgo, otro más de este viaje...
La tierra sabe a polvo, cebiche y humedad...
10/29/2007
8/06/2007
Abismo
A veces, en la lucha contra las ganas de escribir y la dura realidad de que al final lo que escriba siempre me parece más unas líneas aleatorias que algo digno de ser leído. Choco y choco contra las mismas paredes, que no están ahí por casualidad, están ahí porque yo mismo las pongo. No se bien por qué, pero cada vez es más complicado poder estirar la mano con tranquilidad y salir airoso de la pelea.
En ocasiones tengo ganas de caminar hacia arriba, saliendo de una espiral que come dos pasos por cada palabra. Escribir en estos casos se hace necesario. Imprescindible. Y vuelvo a lo mismo. Más palabras y más juicios.
Tendría que volver a nacer para poder conocer otra historia. Tendría quizás que conocerme mejor para poder lidiar con todas las letras y quedar mejor parado cada vez.
Quizás abismo es muy extremo. Quizás soy lo que soy por esto y por todo lo demás. No conozco aún el fondo, tampoco me interesa conocerlo. Sí puedo decir que entrando y saliendo estoy mejor, que a veces de tanto tiempo afuera lo único que quiero es hundir la cabeza y sólo no ver.
No se por qué escribo esto. Será porque no me gusta lo que escribo. Será porque me encierro sin que nadie me lo pida.
No quiero dejar la idea de algo oscuro. Para nada. Quiero poder salir sin dudas de cada hoja y de cada historia.
Dejar de lado la impotencia de no poder ver como quisiera. Que las palabras sonaran sin pausas.
Me gustaría escribir una historia en la que no estuviera yo, pero por una extraña razón no puedo salir de ahí.