En un día como hoy, hace ya 20 años, empezaba mis primeras clases en el colegio acá en Chile. Era todo muy extraño aún. Había terminado hacía poco el mundial de Italia 90, que nos afanaron sobre el final con unpenal inventado.
En un día como hoy no fui al colegio. Me hice mi primera cimarra y me fui para el centro, paseo ahumada. Lanús se jugaba el ascenso en la cancha de quilmes.
A la cancha empecé a ir como a los 5 años, iba con un compañero de colegio y su papá. Después con mis amigos del barrio. Siempre ví a Lanús en la B, como un equipo de mitad de tabla, hasta el año 89. Ese año estuvimos a punto de ascender. A falta de algunas fechas, llevábamos mucha ventaja, que se diluyó y terminamos perdiendo en la última fecha.
Nunca había visto a Lanús en primera.
El 90 me vine a Chile, y justo ese año Lanús ascendió. El técnico era Miguel Angel Russo. Grande Russo.
En un día como hoy, hace 20 años, tenía 13, igual que mis hijos. Llegué al paseo ahumada sin conocer mucho donde estaba. Sabía que en los kioskos vendían los diarios de Argentina. No tenía forma de saber como había salido Lanús. No había internet y los llamados telefónicos salían un huevo. Me fui kiosko por kiosko preguntando si me dejaban hojear el diario. En varios me dijeron que no. Hasta que un señor me dejó. Ansioso, nervioso me puse a buscar. Lanús ascendió, ganó a penales en la cancha de Quilmes. En ese momento, pendejo y todo, lloré. Por alegría de mi club, por la pena de no haber estado allá, por la pena que tenía en ese momento de estar en otro país, sin mis amigos y mi familia.
El señor del kiosko me preguntó y le dije que el club de mi barrio había ascendido, le expliqué esto mismo y me sonrió, con algo de extrañeza.
Ahora, 20 años después recuerdo este momento y me vuelvo a emocionar. Me acuerdo del uruguayo, Gilmar Gilberto Villagrán, ídolo granate de los 80. Pienso también en lo chico que era y en las cosas que hacía. No puedo dejar de pensar en mis hijos y en las cosas que hacen con la misma edad. No puedo dejar de pensar en como pasa el tiempo y como acumulamos memoria.
Tiempo después Lanús salió campeón. Ahora es distinto, todo se ve en directo. Esa vez yo estaba acá, mi amigo Luciano estaba en Houston y Norberto, el papá de Luciano estaba en la tercera bandeja de la bombonera. Cuando nos vimos después de eso, me tenía guardada la entrada, y me recibió en la puerta de su casa con el equipo de lanús completo, hasta con las medias.
Pasa el tiempo y me siento cada vez más afortunado. Aguante Lanús, ahora y por siempre.
7/28/2010
Por siempre Granate!!!
12/03/2007
Dedicado a Fausto Lara
Si habrás visto pasar gente con la camiseta granate por la puerta de tu casa. Si habrás sentido los gritos de la cancha, ahí nomás, a tres cuadras, mientras nos llevabas a todos, los chicos, para ver otra vez a Lanús, en aquellos años 80, cuando jugábamos los sábados. No me imagino lo que sentías al llevar a una tropa de pendejos, todos quilomberos, a sentarse uno al lado del otro, en uno de los codos, en el que da a Guidi, en la antigua cancha de tablones. No se que tenías, pero la verdad es que las ganas de romper las pelotas se iban pasando en esas tres cuadras, y llegando a la cancha, lo que importaba era el fútbol, la camiseta, y observar el espectáculo frente a nuestros ojos. Escuchar los bombos, ver lo papelitos.
En eso nos pasaron años, siempre en la misma vereda, siempre en el mismo codo, y caminando las mismas cuadras desde Madariaga hasta la cancha. El paisaje era el mismo, pero los chicos ahora eramos más grandes. El fútbol se sentía también de otra manera, se gritaba de otra manera.
Nunca cambiaste, nunca dejaste de poner esa mirada terrible, de furia, cada vez que alguno se le ocurría tirar una puteada al árbitro o a alguno de los jugadores. Costaba mantener el control, y bueno, deslices tenemos todos, hasta de chicos.
Al lado tuyo se sentía una seguridad tremenda, tus dos metros eran como una gran muralla china para todos nosotros, tu barba y pelo cano completaban la foto de guardián granate. Pero los pibes crecen, y ya nos ibamos arreglando para escaparnos en el entretiempo para la otra tribuna, así, haciéndonos los giles, pensando que no te dabas cuenta, creyendo que era parte de una travesura. -Me voy a comprar un chori-, decía uno, -yo te acompaño-, mandaba otro, y así nos íbamos escapando de a uno, y nos arrimábamos más cerca de la hinchada, un mundo que se muestra de lejos, pero que despertaba todas las intrigas de nuestras cabezas prepúberes.
Nunca nos dijiste nada cuando volvíamos, a lo más alguna pregunta irónica respecto de la demora en la compra de los choris o de que nos habíamos perdido. Estoy seguro que de lejos nos seguías, que nos mirabas para saber donde estábamos. Pero en el fondo, sabías que en alguno momento esto tenía que pasar, como seguramente lo viviste vos con tu viejo, como tantos otros también lo fueron viviendo de a poco.
Después empezamos a irnos solos para la cancha. Ya no caminábamos esas cuadras. Fue algo que no necesitó palabras, simplemente empezó a cambiar. Igual nos veías, eso está claro. Igual nosotros sabíamos que estabas allá, en el codo. Recuerdo cuando me quisieron afanar el reloj, ya más grande, y en el forcejeo le pegaron a Wipom, salimos corriendo para el codo, sabiendo que estabas allá. Eso siempre lo supimos. Nos agarraste en medio de la carrera, nos viste llorar de impotencia y nos consolaste. Un grande.
Ya estábamos lanzados igual. Para entrar a la cancha, era cosa de que alguno llevara el carnet de socio, y sólo con ese pasaba todo el resto de la tropa. El gesto técnico salía perfecto, lo mostrabas y en un golpe de muñeca ya se lo estabas pasando al de atrás, en fila india. Son esos momentos en los que uno se siente como Houdini o como el mago ese que se ponía en la 9 de julio, cerca de la estación, que cada truco que intentaba le salía como el orto. El guardia seguro que cachaba la movida al toque, pero miraba para el costado, total, eramos un grupo de pibes nomás. Todos con la camiseta, con cara de inocentes. Igual, si no resultaba esa teníamos otras. Un par de veces nos colamos por el portón de atrás, uno que daba a unas casas. Esa sí que era más peligrosa, porque la reja tenía como cuatro metros de alto.
Sin duda que la experiencia de ir a la cancha ya había cambiado para nosotros, para los partidos nos íbamos con la hinchada, para mezclarnos primero en los quinchos donde se armaba la previa. Pendejos todos, mirando de lejos, con intriga de ese mundo.
Fabián, uno de los de la hinchada había ido a pintar mi casa una vez, y le regalé un gorrito, me acuerdo. El loco cuando me veía me saludaba, se ve que no le habían tocado muchos de esos gestos en su vida, porque se veía siempre genuinamente agradecido, y me decía -si alguien te jode me avisás- en su tono ronco de tabaco y vino. Viste, no estaba sólo.
En los partidos nos metíamos al medio de la hinchada. Ahí sentí por primera vez el olor a porro, y entendí que lo de la cancha no era ninguna joda, que había tipos bravos, y que más de alguno andaba cargado. Ví lo que es el respeto ganado a las piñas, ganado también al ponerle el pecho a la cana, ganado por preocuparse que en las corridas los más pibes no quedaran atrás, como me pasó a mí una vez, que me caí una vez escapando de los gases de la policía, y que uno de la hinchada me levantó y me llevó corriendo. Ese partido fue contra Huracán, el cla´sico de esos tiempos, Banfield no existía, y Los Andes o Talleres eran de menor categoría, aunque bravos también. Ese partido no me lo olvido, ganamos 2-1, con un golazo de Villagrán, nuestro gran ídolo en esos tiempos. Te acordás como la pisaba el uruguayo!!!
Ese mundo era el que anhelábamos conocer, los colores, los bombos, los papelitos, y la gente de cancha, pelo largo, tatuajes y todas cosas nuevas, desconocidas. Jamás olvidaré que cuando el Grana salía a la cancha, los papelitos eran como un techo, que tapaban por un segundo el sol que nos castigaba. La primera vez que lo viví fue como si el tiempo se hubiera detenido.
Este fin de semana que pasó, todos estos recuerdos se me vinieron encima, Fausto, todos juntos. Pensé en todas las veces que imaginé vivir este momento. Pensé en todos los pibes, en la banda, que pasara lo que pasara, nos íbamos a juntar en la cancha. En todos los que no pudieron estar presentes para disfrutar este momento. En el Chino, y en Faustito, en Luciano, en Wipom, que por ahí debe haber estado, en el Eche, que también seguro anduvo haciendo de las suyas, en Norber, que fue a la bombonera, en mi abuelo, que era hincha de Vélez, pero que llevaba a Lanús en el corazón, como todos nosotros, en Jorge, que seguro lo vio con vos.
En los que estamos lejos pero que toda la vida los estuvimos esperando. En los que, como vos, miraban desde arriba. Pensé en lo que habría sido esta fiesta, en la gente en la 9 de julio, en la estación, en 25 de mayo, en todo Lanús. Que regalito de navidad para todos.
Yo se que lo estás viendo, eso lo tengo por seguro, como también se que cada vez que mire para el codo te voy a ver con la misma cara, la misma estampa, el mismo espíritu de siempre. Esta vuelta es para vos Fausto.
1/08/2007
Ahora sí
Me permito unas pocas líneas, no porque quiera ser muy conciso, sino más bien porque estoy algo apurado y con muchas cosas por hacer en el poco tiempo que me queda para que empiecen a llegar los invitados.
Llegaron los treinta, y la verdad de las cosas, es bastante menos tremendo de lo que uno se puede imaginar. Ahora me hace más sentido lo que me dijeron una vez, que los 27 era el principio del punto sin retorno, que a partir de ese momento uno miraba con otros ojos la vida, con los ojos de una juventud con más experiencia sobre la espalda.
Bueno, acá estoy. Con 30 pirulos. Con menos dramas. Con más energía. Con menos prejuicios (aunque conservo los más importantes). Con menos panza (lo cual contradice un poco la lógica).
No tengo mucha cabeza ahora para poder elaborar con mayor finura lo que pasa por mi cabeza. En los próximos días lo haré. Ahora me permito prepararme para disfrutar de una celebración sencilla. Rara también porque será la primera que paso sin los niños, que sin duda estarán presentes, aunque no de cuerpo entero.
Bueno, un saludo para todos. Me siento bien de cumplir 30 años.
Chau.
12/19/2006
post 29
Me preparo calmadamente a vivir el nuevo año. Navidad, año nuevo y cumpleaños. Como si esto fuera poco, también le agrego aniversario, lo cual hace un cóctel con suficientes grados para voltear a un elefante. Depende de como uno se lo tome en realidad. El del año pasado fue más extraño, lejos, con frío ambiental y poca luz. El nuevo año fue recibido en Barcelona, con un buen banquete, con buena gente y con baile hasta que la hora empieza a pedir desayuno. Esos días marcaron muchos recuerdos, y una caravana intensa que no quería parar.
Siguió la ruta. París fue un buen lugar para saludar mis incipientes 29. A nadie se le podía ocurrir que los franceses no acostumbran comer torta, así que las velitas se apagaron en un pastelito nomás. El rigor de la vida de turista no dejó mucho tiempo para la reflexión ni para el típico flashback cumpleañero. Tampoco hubo mucho baile esta vez. La ansiedad y los ojos abiertos absorbían todo a su paso, y el cumple pasó colado entre tantas sensaciones.
El aniversario nº1 nos agarró más que agotados, en la parte final del viaje, cuando ya la vuelta es una realidad, aquella que en los primeros días parecía tan lejana que no llegaría nunca. Un salud sincero, y la tranquilidad de haber pasado momentos increíbles.
Ahora las cosas son distintas. Habrá mayor tiempo para pensar en los panoramas, habrá torta y velitas, serán treinta los años para mirar el mundo, los que han pasado.
Esto vendría a ser como el inicio de todas las reflexiones que se me vienen encima. En un par de semanas podré saber que se siente tener 30.